Continuamos anclados en la sociedad industrial.

Continuamos con la mentalidad del siglo XIX,  en la que se producía un intercambio de tiempo por dinero.

Sí, así era y así queremos que siga siendo.

Nos empeñamos un día sí y otro también en perpetuar un patrón  que ya ha caducado. Al menos así es en la Europa occidental en que yo vivo.

Hablas con cualquiera del tema económico o laboral y los comentarios son siempre los mismos:

“Todo está cada vez peor, fíjate han despedido a Fulano de su trabajo, con los años que llevaba en la empresa…la dichosa crisis”

“Y, mira Mengano con cuarenta y tantos años en la calle y con una familia que mantener…¿Dónde va ahora? ¿Quién le va a contratar?

“Estos políticos, son todos iguales, van a lo suyo,  algunos se lo llevan crudo y mientras tanto la crisis nos engulle a todos…”

Crisis, crisis, crisis…

¿Sientes que  lo que acabas de leer forma parte de tu pensamiento inconsciente?

Estás centrando el origen de los supuestos problemas en otro u otros, cuando realmente el supuesto problema está en ti.

Tú, como ser humano, tienes a tu alcance un gran abanico de posibilidades cuando se te presenta un reto o desafío. Eres tú y solo tú el que decide ante una coyuntura tomar un camino y no otro.

Si hoy te encuentras en una determinada situación ya sea profesional o personal, es porque Tú has elegido consciente o inconscientemente estar ahí.

Tu pareja, tus hijos, tu familia, tu jefe, los políticos… no son más que piezas de ese enorme engranaje que gira alrededor de ti. El centro eres tú. Y tú decides qué rodea ese centro, o, mejor, tú decides cómo interpretar lo que  rodea ese centro.

Tan sólo hay dos cosas que vienen de serie impuestas en el pack cuando naces, y que lo quieras o no,  tienes aceptar:

Tus padres y el entorno geográfico y socioeconómico.

Punto.

El resto es elección.

Obviamente mientras eres pequeño son tus padres los que guían tus pasos con todo su mimo y cariño, y quieren para ti lo mejor en todos los aspectos.

En ocasiones se juzga a los padres y de alguna manera se les responsabiliza de lo que estamos viviendo en la actualidad.

Craso error.

Ellos hicieron por ti de acuerdo a lo que conocían o sabían lo que creían más adecuado en cada momento, en tanto en cuanto tú no podías tomar decisiones sólo.

Hoy ya eres mayorcito y la excusa  de achacar el origen de lo que supuestamente te pasa a la educación que has recibido es cuando menos infantil.

Si hoy te encuentras quemado en un entorno laboral en el que dependes de un jefe, en el que alquilas tu intelecto por un sueldo, es porque TÚ has decidido estar ahí.

Nadie te obliga a ello. Y no me vale que me digas que las “circunstancias” te llevaron allí, que si los hijos, la familia, las facturas…Todo eso son excusas.

Dame razones.

 

Dame razones para perpetuarte en un teatro de títeres donde tu jefe es el que mueve los hilos que cortará cuando le plazca y tú caerás derrotado sin compasión.

Dame razones para quedarte paralizado  donde estás por el miedo a “perder” el trabajo.

Dame razones para no explorar dentro de ti y descubrirte o redescubrirte como el ser magnífico que eres con infinitas posibilidades de creación.

Dame razones para no reinventarte aflorando la mejor versión de ti mismo…

¿Paro ya? Si quieres sigo…

Te encuentras en un momento histórico en que todo se mueve a una velocidad vertiginosa, los cambios se suceden rápidamente, tan rápido que no da tiempo a asimilar uno cuando ya tienes otro encima.

Internet y la tecnología en general ha supuesto una revolución en nuestras vidas en algunos casos difícil de digerir, sobre todo para las personas que hemos nacido analógicas.

Todos esos cambios han supuesto modificaciones drásticas en el modo de entender las relaciones personales y profesionales.

Las personas y las empresas en especial se han tenido que adaptar a la nueva realidad para poder sobrevivir.

Lo quieras o no, el modo de comunicarse, el modo de trabajar ha cambiado.

La clave está en la adaptación.

Ya lo decía Darwin, no sobrevive el más fuerte, sino el que mejor se adapta.

Tú, sí tú. Tienes que adaptarte a la nueva realidad, a tu nueva realidad.

Estás inmerso en la era de la información, en la era del conocimiento y te sigues empeñando en trabajar duro como en la era industrial:

Cumples con todo lo que te dice tu empresa y haces las cosas como te indican y no te estás dando cuenta de que precisamente por eso, tu jefe siempre encontrará alguien más barato que tú para hacerlo. Y entonces…¿Qué?

Se desmorona la estructura sobre la que has montado tu estilo de vida.

La realidad te está diciendo a voces que ha cambiado y tú no quieres verlo.

Te está pidiendo a gritos que te adaptes, que te conduzcas de otra manera.

Si continúas haciendo las mismas cosas dentro del modelo ya caduco de la sociedad industrial, seguirás obteniendo los mismos resultados, y, no lo digo yo, lo dijo Einstein hace muuucho tiempo.

Para que me entiendas, si quieres comer estofado de lentejas no te empeñes en seguir echando garbanzos a la cazuela, el resultado seguirá siendo un cocido madrileño o un potaje a la riojana por ejemplo.

Amigo mío, las reglas del juego han cambiado: Si un consejo te puedo dar es que no alquiles tu intelecto por un sueldo, en cualquier momento se puede cerrar el grifo, se pueden cortar los hilos…

Y tú,

¿Sigues comiendo garbanzos?

Háblanos de “tu menú” en el hilo de comentarios.

 

 

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La vida es como el eco, recibes de lo mismo que das.

¡A mí me haces un favor y a tí te vendrá de vuelta 🙂 !

 

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