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Lunes. Ocho y media de la mañana. Prisas. Caravana. No llegas al cole a las nueve a dejar a los niños y mucho menos al trabajo a tiempo para fichar.

Durante el trayecto le das vueltas al último anuncio de tu empresa: Reducción de plantilla, y, te preguntas si estarás entre los elegidos.

No quieres ni imaginarte qué pasaría si te pusieran la carta de despido encima de la mesa. Facturas, hipoteca, colegios, comida, vestido, viajes, vacaciones…Se caería el castillo de naipes sobre el que está construida tu vida y la de tu familia.

Y, es que  tu  life style  gira alrededor de  la “seguridad” de una nómina a fin de mes, en torno  a la “estabilidad” de un contrato de trabajo  ”indefinido”, y, ahora,  como un tsunami ves que el fantasma del despido se cierne sobre ti, sobre tu familia.

Se tambalea tu tren de vida.

¿Cuál será para ti el siguiente escalón? ¿Engrosar la ya larga lista de parados?

Casi sin darte cuenta has llegado al trabajo. Se te ha hecho corto el recorrido conversando con tus pensamientos.

Justo antes de dar los buenos días al primer compañero que te cruzas, aparcas ese “mini yo” en algún lugar de tu mente para que no te siga amargando el día, porque en el fondo crees que eso, les pasa a otros, no a ti…

 

Lunes. Ocho y media de la mañana. Prisas. Caravana. No llegas al cole a las nueve a dejar a los niños y mucho menos al trabajo a tiempo para fichar.

Durante el trayecto piensas si mereció la pena el esfuerzo que supuso sacar la oposición: Realizas un trabajo puramente mecánico, nada creativo y que poco o nada tiene que ver con lo que estudiaste, y sólo piensas en que llegue la hora para que se te caiga el boli y salir pitando a buscar a los niños al cole.

Tu único incentivo es la nómina a fin de mes, que encima no alcanza para cubrir los gastos del estilo de vida que te has creado.

Menos mal que también cuentas con el sueldo de tu pareja que sino… Pero bueno, mientras Papá Estado siga pagando…

 

Lunes. Ocho y media de la mañana. Prisas. Caravana. No llegas al cole a las nueve a dejar a los niños. Hoy has llegado al límite. Ya puedes respirar tranquila.

 

Vuelves a casa y parece que ha pasado Atila por allí: camas sin hacer, un calcetín por aquí , una camiseta por allá, los platos del desayuno sin recoger…

Te dispones a poner un poco de orden en tu caos casero particular: Todos los días la misma rutina , pones la radio o la tele para que te sean más llevaderas las tareas de la casa: limpieza, comidas, lavadoras, plancha…Te atormenta la soledad del silencio.

Te preguntas si valió la pena renunciar a tu carrera profesional para criar y cuidar a los niños ahora que ya van siendo mayores y no te necesitan como antes.

Lo que haces en tu día a día no te satisface, quieres algo más y no sabes muy bien lo que es.

Sí, ya probaste a apuntarte al gimnasio , pero no funcionó. Necesitas un cambio pero no sabes por dónde empezar ni qué cambiar…

 

Lunes. Hoy toca madrugón: Cuatro de la mañana, ya te levantas estresado pues tienes que coger el avión que te llevará pongamos por ejemplo  a  Londres.

Allí tienes que cerrar un importante contrato que supondrá a tu empresa salvar la cuenta de resultados de este año. Es vital que juegues bien tus cartas. Está en el aire un jugoso bono que te permitirá por fin  esas ansiadas vacaciones que nunca tienes tiempo de disfrutar con tu familia en ese lugar paradisíaco.

Durante el trayecto en el taxi que te lleva al aeropuerto, recuerdas que olvidaste meter en la maleta tus pastillas para el colesterol y la tensión, y piensas que total por cuatro días no va a pasar nada. Pero… sigues dándole vueltas a esa opresión en el pecho que de vez en cuando parece que te roba el aire que necesitas para respirar…

Te preguntas a ti mismo si el cargo que ocupas y el sueldo que cobras en tu empresa  te merece la pena, pues te está minando por dentro…

 

Lunes, ocho de la mañana, camino del trabajo, vas pensando en la conferencia telefónica que tienes a las diez con tu jefe, para hablar de la subida salarial de tu equipo y de la tuya  para el año que viene .

Como en los últimos cuatro años, no habrá  ningún aumento,  y te tocará  “vender  la moto “  de que al menos tenemos trabajo, y que  para el próximo año hay que hacer más ventas y reducir de costes.

Te ves sin fuerzas para comunicar a tu equipo la misma noticia todos los años y pedirles  más ventas.

Te preguntas si merece la pena continuar al frente de todo esto…

 

Estos no son más que cinco de los escenarios en que tú con alta probabilidad puedes encontrarte si has entrado ya en la cuarentena o incluso en la franja de los 50.

Los cinco escenarios que a priori para algunos en determinado momento pudieron parecer idílicos, y la panacea para solventar  sus problemas económicos ó personales, a la vuelta de cierto tiempo se han tornado en algo amenazante, gris ó muy oscuro diría yo.

Y, es que, si algo tienen en común esos  escenarios al cabo de un tiempo de permanecer en ellos, es la ausencia de ALMA.

  • ¿Te identificas con alguno de los personajes?
  • ¿Consideras que la vida que llevas está en armonía con tus Valores?
  • ¿Tienes la sensación de dejarte llevar por la vida como un barco a la deriva?
  • ¿Te sientes como un zombi en tu día a día?
  • ¿Simplemente dejas pasar los días y cuentas los que faltan para que llegue el viernes?
  • ¿Es el sueldo a fin de mes el único motor en tu vida laboral?

Si has contestado afirmativamente a algunas de estas preguntas, plantéate seriamente  un “reseteo” integral. El “mapa” de tu realidad no te funciona.

Ponte a trabajar ya en tu propia Reevolución Interior, para poder evolucionar hacia un estado o nivel personal que te de acceso a otro “mapa”, un mapa que te permita desempeñar un proyecto de vida con corazón, acorde con tus Valores  disfrutando de prosperidad económica y del estilo de vida de tus sueños.

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La vida es como el eco, recibes de lo mismo que das.

¡A mí me haces un favor y a tí te vendrá de vuelta 🙂 !

 

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