Hace ya casi un año pretendí iniciar una serie de posts que supusieran una recopilación de cuentos o parábolas que aportaran valor a las personas que deciden emprender un nuevo camino en sus vidas, ya sea personal o profesionalmente.
Lo titulé “Desaprendiendo, aprendiendo y emprendiendo con el cuento”.
Y, el primer y único cuento que publiqué fue “El burro y el pozo” .
Desde la publicación de aquél cuento hasta hoy, mi vida personal  ha sufrido vaivenes emocionales importantes, momentos duros y desgarradores a nivel familiar, consecuencia de la enfermedad mayormente:
Mi madre, que gracias a Dios va saliendo adelante, a pesar de haber sufrido durante meses los estragos del cáncer,
Mi querida tía Encarna que, finalmente decidió partir con mi tío Paco porque probablemente nunca superó su ausencia…
Mi tío Javier que sucumbió al cáncer …y ahora…
Su hijo ( mi primo) también batallando contra el cáncer…
¿En qué parte de la ecuación se encuentra el error?
¿Por qué como se suele decir se van siempre los mejores?

***

Durante los largos meses que mi madre estuvo en el hospital, tuve tiempo de reflexionar sobre ello, y llegó a mi, como caído del cielo un “regalo” de la escuela de coaching donde me gradué en 2015 .
Se trataba de una especialización (o así lo entendí yo en su momento) de coaching.
Me daban la oportunidad de realizar completamente gratis, simplemente porque ya estaba graduada, una formación novedosa en el mundo de habla hispana cuyo valor está en torno a los 800€, de hecho es el precio que paga el alumno que ingresa a la escuela.
Era una forma de agradecimiento a los alumnos de su directora, y, a su vez de contribuir a la expansión de ese “nuevo” entendimiento.(Lo entrecomillo porque realmente no es nuevo, lo novedoso es que por fin las personas están experimentando ese “despertar” hacia el entendimiento de que cada uno crea su propia realidad)
Yo, la verdad es que no entendía muy bien de qué iba eso, se llamaba Los Tres Principios, y decían que explicaba cómo se crea la experiencia de vida humana, desde un punto de vista psicológico y espiritual.
Recibí ese correo, con mis enlaces de acceso a la plataforma del curso creo recordar que en enero , y no debí abrirlo hasta abril…¡Bastante complicada estaba ya mi vida con la enfermedad de mi madre como para andarme yo con más cursitos, aunque me resultaran gratis!
Pero, resultó que el hospital donde se encontraba ingresada mi madre tenía una conexión wifi bastante potente, así que una de las muchas noches que hice en el hospital acompañando a mi madre, decidí introducir mis claves y acceder al curso, y…
¡Bendita la hora en que lo hice!
Aquello era justo lo que necesitaba para sobrellevar mi situación personal.
Y, no solo eso, comprobé además de en carne propia, en las vidas de otras personas a las que les hablé casualmente o informalmente de esto, que algo también hacía “clic” en ellos y recuperaban la alegría y las ganas de vivir.
¿Cómo podía ser todo aparentemente tan sencillo?
¿Cómo podíamos complicarnos tanto la vida los seres humanos hasta el punto de provocarnos la enfermedad y morir?
Aquellos días fueron el inicio de la recomposición de mi puzle de vida personal.
Fue entonces cuando empecé a ver, que, a pesar de la adversidad exterior, el origen de todo está dentro del propio ser humano, que todo empieza y termina en cada uno, que lo de afuera, aunque cueste creerlo, ¡es neutral!
Que no tengo que ver para creer en algo, sino que soy yo la que creo momento a momento mi realidad: Creer para ver. 
Mi pensamiento crea mi realidad.
Así de crudo. Y así de claro.
Y lo he comprobado experimentalmente,
Y lo publiqué en el blog, lo tienes en esta entrada:

***

Hoy quiero compartir contigo un cuento o parábola titulada “El árbol de los deseos” de Osho gran filósofo y sabio del siglo XX que ha dejado un gran legado en sus escritos  para toda la humanidad.
Este cuento es un fiel reflejo de lo que quiero transmitirte hoy.
También si lo deseas, puedes escucharlo en este vídeo:

El árbol de los deseos

Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error.
En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos, se llaman KALTAPARUS.
Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple. No hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.
El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos.
Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo:
“¡Tengo tanta hambre! Ojalá pudiera tener algo de comida”.
E inmediatamente apareció la comida de la nada, simplemente flotando en el aire, apareció una comida deliciosa.
Tenía tanta hambre que no prestó atención a de dónde procedía la comida.
¡Cuando tienes hambre, no estás para filosofías!
 
Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa…!
Una vez que su hambre estuvo saciada, miró a su alrededor.Ahora se sentía satisfecho.
Pero, otro pensamiento surgió en él:
“Si tan sólo pudiera beber algo…!”
Y hasta ese momento como  no había ninguna prohibición en el paraíso, de inmediato apareció un vino estupendo.
 
Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse:
“Qué está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?”
Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos.
Comenzó a temblar y pensó: “Seguro que me matan!”
Y lo mataron.
 
Esta es una antigua parábola, de inmensa significación.
Tu mente es un árbol dador de deseos:
Pienses lo que pienses, tarde o temprano se verá cumplido.
A veces, la brecha es tan grande que te olvidas por completo que lo deseaste, de modo que no puedes reconocer la fuente.
Pero, si observas profundamente, hallarás que:
Todos tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida.
Crean tu infierno, crean tu cielo.
Crean tu desgracia y tu alegría,
lo negativo y lo positivo…
 
Cada uno es aquí un mago.
Cada uno está hilando y tejiendo un mundo mágico en torno a sí mismo… y luego, es atrapado.
La araña misma es atrapada en su propia tela.
 
No hay nadie que te torture excepto tú mismo.
Y cuando se comprende esto, las cosas comienzan a cambiar.
Entonces puedes modificarlo, transformar tu infierno en cielo;
Sólo se trata de pintarlo con una visión diferente…
Toda la responsabilidad es tuya.
 
Y… entonces, surge una nueva posibilidad:
Puedes dejar de crear el mundo.
No hay necesidad de crear ni en el cielo ni en el infierno, no hay ninguna necesidad de crear nada.
El creador puede descansar, jubilarse.
Y la jubilación de la mente es la meditación.
 
¿Qué te ha parecido?
Creo que ya está dicho todo y no hay mucho más que añadir.

***

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